Covadonga González-Pola

Escritora y asesora de autores y editoriales. Formadora en escritura

Escritora, creadora de contenidos, experta en servicios editoriales, formadora en talleres de escritura y unas cuantas cosas más.

Ven a la presentación de mi nuevo libro «El Hombre del Vestíbulo»

El ensordecedor canto lo inundaba todo a mi alrededor, el tacto y el perfume de la muerte me pisaban e inundaban mis fosas nasales. Mis impulsos más primitivos me llamaban a levantarme y huir; sólo un fino hilo de cordura, encarnado en la voz de mi abuela y sus consejos, logró mantenerme inmóvil, esforzándome por mantener los ojos cerrados, por no mirar hacia arriba. La Güestia, la Santa Compaña, se fue alejando de mí hacia el pueblo, dándome la espalda y encaminándose hacia el hogar de algún desgraciado cuyo paso anunciaba su inminente muerte. Estaba decidida a no hacer absolutamente nada hasta que se hubieran perdido en la lejanía. Pero un grito de terror salió de mi garganta sin que yo pudiera evitarlo.

Hola a todos. Este mes de marzo presento mi libro con mucha ilusión, en Oviedo (el 17) y en Madrid (el 30). En Oviedo será en la Librería Cervantes a las 19h. En Madrid, a las 20h, con la suerte de ser presentado por el periodista Luis Artime y con una lectura de fragmenos de la locutora Mili V. Quintana.

Me encantaría teneros allí conmigo, así que reservadme la fecha que más os encaje.Aquí tenéis las invitaciones a ambos.


Os cuento un poco más:
«El Hombre del Vestíbulo» es un libro que sobrevuela espacios literarios a medio camino entre el suspense y el terror; lo real y lo inmaterial; la historia y la ficción. Literatura negra y literatura mágica, con Asturias como escenario, sus episodios oscuros, sus leyendas y mitologías. De lo que fue, de lo que soñamos que pudo haber sido, construye Covadonga González-Pola unos relatos escritos con precisión en los que entran en juego la abrumadora naturaleza del Norte y la esencia de quienes lo habitan. Pasen al interior del vestíbulo, y déjense llevar.

La editorial Laria tiene sede en Asturias pero horizontes mucho más amplios. Nació hace 11 años, a partir del esfuerzo de cuatro socios apasionados, y ha publicado hasta la fecha un centenar de títulos, dentro de un amplio catálogo de temas, desde ficción a Historia, crítica literaria, guías de viaje, poesía o ensayo.

 

Estoy deseando veros a todos. Un saludo y hasta dentro de nada :)

Una escritora en Camac. Vivir en una residencia de artistas (IV)

Aún estoy recuperándome delestupendo viaje a París, y debo decir que me recibieron de lamejor manera en Camac: mis compañeras me fueron a recoger a la estación de Nogent y después pasamos una tarde muy agradable. Poco después caí como una piedra y dormí como una ceporra :)

Esta semana es una semana de actividades, y la primera no se hizo esperar, pues fue el lunes. Lo llaman Open Studio y consiste en ua jornada de puertas abiertas donde cada artista habla un pco de sí mismo y de sus proyectos. La verdad es que me ha encantado la experiencia, pues puedes comprender el mensaje que hay detrás de las obras, sobre todo si tienes dificultad a veces en analizar el arte contemporáneo. Conocer al autor siempre ayuda a ver cómo ha puesto sus experiencias al servicio de sus creaciones. Así que aquí, por fin, os respondo a algo que seguro que os habéis preguntado: ¿Qué se está cociendo en Camac? Comienza el tour:

El primer estudio que visitamos fue el de Sepideh Farzam. Ella es originaria de Irán, pero vive desde hace mucho en Australia. Sepideh trabaja con esculturas e instalaciones y en el trabajo que está haciendo ahora se está centrando en un problema de salud del que ahora está saliendo adelante. Por eso, gran parte de su trabajo parte de ahí: utiliza las cápsulas y lascajas de sus medicinas como material de trabajo, y también prendas antiguas, a las que hace modificaciones como llenar de clavos las plantillas de los zapatos o colocar cremalleras en prendas que ya no le sirven, y que reflejan sus cicatrices. Posiblemente porque siempre que ves a Sepideh tiene una sonrisa de oreja a oreja, te sorprende más aún ver cómo lleva esta problema consigo a diario y cómo saca partido de él, cómo lo convierte en fuente de inspiración y de reflexión.

De este estudio pasamos al de Cynthia McCusker. Cynthia es una de esas personas en las que ves una vitalidad y un optimismo especial, supongo que por eso no me extrañó ver que en su obra se refleja ese amor que profesa a los animales. Colabora  siempre que puede en actividades que ayudan a especies amenazadas y en Camac está trabajando en un cuadro abstracto que reinterpreta a los gallos. Es también muy interesante la forma en que trabaja con el movimiento y el nivel de detalle en sus trabajos. Por si fuera poco, mientras ha estado aquí, también ha participado como artista en un festival de música de la región, su obra quedará expuesta en el ayuntamiento. Ah, aún no os he hablado de las pequeñas reproducciones que podéis adquirir de sus cuadros en gran formato, los MiniMcCuskers y de que podéis echarle un cable, pues se está financiando su estancia en Camac por medio de esta campaña de crowdfunding.

De esta parada fuimos a una pequeña casita en Camac que llaman la Maison. Este es el espacio en el que trabaja Ann B. Murphy. Anne se ha movido mucho y lleva un tiempo viviendo en California, pero creo que contar todo su trabajo es algoo difícil de hacer en un solo párrafo. Ann está especialmente centrada en que su obra implique a la gente de esta región, por eso está combinando sus pinturas —de las que me llama especialmente la atención esa búsqueda de objetos raros por la zona para ser dibujados en blanco y negro— con entrevistas a los habitantes de Marnay, Pont y otros rinconcitos. Estas entrevistas están todas en una pequeña grabadora y serán parte de un proyecto en el que se combinará sonido, stop-motion y cartas escritas a mano. Como aún no está terminado, todavía no os puedo decir más. Habra que tener paciencia, pues valdrá la pena.

La siguiente historia es la que más conectó conmigo. Erin Connally es el corazón de la casa y tiene un sentimiento muy profundo acerca de lo trascendental. Hace tiempo nos habló de un concepto que había descubierto, podríamos traducirlo como «parajes finos», thin places, aquellos lugares donde parece que se pudiera pasar a otros planos de existencia. A mí me recuerda bastante a la forma en que Avalon y Glastonbury comparten espacio en las novelas de Marion Zimmer-Bradley. Así pues, Erin ha creado una representación de este concepto. ¿Cómo lo ha hecho? Pues por medio de series de tres ilustraciones que adquieren sentido al superponerse, encerrarse entre cristales y colocarlos en una caja de luz que ella misma ha creado. En las fotos lo veréis un poco, pero si estuvierais aquí viviríais la experiencia completa y alucinaríais.

Subimos las escaleras del edificio de la antigua abadía y llegamos al estudio de Sarah Slavick. Sarah es sabia y Sarah esconde una pasión y un recorrido que me dejaron impresionada. Su trabajo siempre ha estado conectado con conceptos relacionados con la vida, desde cuadros relacionados con la  enfermedad, otros que representan la época de lactancia de su hijo y que se centran en mostrar lenguas (os incluyo uno más adelante), hasta la etapa actual, donde trabaja con el agua y su movimiento. Aquí está trabajando en un lienzo donde se puede ver ese concepto de movimiento, pero creo que es necesario detenerse a contar que normalmente pinta en pequeños fragmentos de madera que luego une para crear maravillas.

Y me tocó a mí cerrar el Open Studio, en la biblioteca. Y va siendo hora de que os cuente qué es lo que estoy haciendo aquí, ¿verdad? Bueno, pues he venido a escribir una novela corta, que transcurre precisamente aquí, en Camac y Marnay. Quería explicar cómo una residencia puede ayudar e influir a un artista y también he sentido la necesidad de hacer un cierto análisis social, por eso he estado investigando acerca de las diferentes formas de vivir, no vivir o sobrevivir de los artistas en diferentes países. Mis cuatro protagonistas tabajan diferentes disciiplinas, proceden de diferentes países y culturas y tienen situaciones socioeconómicas muy distintas. Cada uno se enfrentará a un problema que habla de sí mismo y a un momento duro y disruptivo (hablaré de crisis, de acoso, de  enfermedad y de censura). La idea de la obra es hablar sobre empezar de cero. Porque cuando te vas a un lugar nuevo, aunque sea por un mes, estás empezando de cero, pero mis personajes también terminarán su historia empezando de cero otra vez. ¡Tendréis que esperar para leerlo!

Y aquí me despido hoy, me queda poco más de una semana aquí, pero estoy segura  de que va a ser una semana genial. Así que os seguiré contando un poco de todo esto. Os mando un abrazo desde Camac, este pequeño universo lleno de creatividad y calidez. À bientôt!

¿Nos boicoteamos a nosotros mismos cuando nos esforzamos demasiado por hacer las cosas bien?

Hay gente perfeccionista, hay gente con buena voluntad, hay gente con ganas de agradar... posiblemente todos tenemos una parte de nosotros que desea encajar y ser aceptados, pero, a pesar de todo, también tenemos lo nuestro.

Pero este post no trata sobre esto. Trata sobre si ser bueno y esforzarse por ser mejor nos puede salir caro si nos pasamos de la raya. Como ejemplo, os voy a transcribir un relato y os voy a poner también el audio original. Pertenece a la sección «Cuentos para Ulises» del programa No es un día cualquiera, de Radio Nacional. La sección me la descubrió mi primo y me parece divertida, sabia y deliciosa.

Este cuento para Ulises se llama "El perfecto Francisco" y me parece que hace una reflexión genial, aunque, como correctora de textos, tengo el corazón un poco dividido. Ahora veréis por qué:

 

El perfecto Francisco

Había una vez, en un país muy lejano, un señor llamado Francisco que era absolutamente perfecto. Todos los vecinos, por más que lo observaban, no encontraban nada que criticarse pudiera de él.

—¡Dios mío, nuestro vecino Francisco es perfecto!

—No tiene ningún defecto el cabroncete.

—Ética y moralmente es impecable.

—¡Y además es guapo y está buenísimo!

Nuestro protagonista era vigilado constantemente por todos sus conciudadanos, que analizaban su comportamiento con el fin de encontrar algo para poder criticarle.

—Algo malo debe tener. Vamos a espiarle.

Pero, por mucho que lo espiaban, de día y de noche, nada reprobable encontraban. Los vecinos habían llegado incluso a instalar micrófonos en el domicilio de Francisco e incluso diminutas cámaras de filmación, para poder controlar en todo a ese hombre que, a todas luces, parecía perfecto.

—¡Pongamos también un micrófono en el lavabo!

—Sí, ¡y una cámara de vigilancia dentro de su almohada!

Tras varios años espiando a Francisco, los vecinos se reunieron y de esta manera hablaron:

—Definitivamente, este hombre es perfecto.

—Hemos de reconocerlo, aunque nos pese.

Pasaron los años. El perfecto Francisco hízose viejo y murió. Al fallecer, sus vecinos acudieron al entierro. Allí enteráronse todos de que el anciano había escrito un testamento. El testamento decía:

«Dejo todos mis vienes a la comunidad».

Pero, queridos niños y niñas, la palabra «bienes» había sido escrita con «v» en vez de con «b».

—¡Dios mío! ¿Os habéis fijado? ¡Francisco no es perfecto! ¡Ha cometido una falta de ortografía!

—¡Jajajaajajaja! ¡Era un inculto!

—¡Sí, era un maldito y asqueroso iletrado! ¡Jajajaaja!

Al escuchar estas burlas, dos hermanitos que allí estaban, llamados Darío Gutiérrez y Maya Gutiérrez, se indignaron en grado extremo. El pequeño Darío dijo:

—Es sólo una falta de ortografía en una vida perfecta. No seáis crueles.

Y su hermanita Maya añadió:

—Estabais ansiosos por encontrarle un defecto. ¡Malditos vecinos!

Esto os enseñará, queridos niños y niñas que, por desgracia, cuanto mejor es una persona, menos se le toleran sus defectos.

Y colorín colorado, este cuento para Ulises ha terminado.

Supongo que me habéis entendido... si os ha pasado esto alguna vez. Si somos demasiado exigentes con nosotros mismos, podemos despertar envidias, podemos predisponer a la gente a apretarnos las tuercas tanto como nos lo hacemos nosotros mismos o incluso más. Puede que todo esté teñido de buena voluntad, pero obsesionarse por hacer las cosas bien y por agradar también puede ser una forma de autoboicotearnos y someternos inconscientemente a juicios muy muy duros.

Para luchar contra esto yo tengo dos pensamientos que procuro tener en cuenta. El primero es el refrán lo mejor es enemigo de lo bueno. Y es que muchas veces nos obsesionamos porque todo siempre puede superarse y olvidamos que lo que tenemos ya está bien. Esto hace que lo bueno parezca malo al lado de lo mejor. Y ahí llego a mi segundo pensamiento: autenticidad por encima de perfección. Puede que sepas hacerlo todo muy bien, pero estás en tu derecho de no hacerlo tan bien, pero hacerlo más tuyo, más personal, eso no quita que no estés dando lo mejor de ti. Y en esto me refiero tanto al ámbito literario como a la vida en general. Nos obsesionamos muchas veces pensando lo que es bueno o no, cuando muchas veces lo que importa no es lo que es objetivamente perfecto, sino lo que a nosotros nos satisface, nos ayuda a progresar, lo que disfrutamos y nos ayuda. Por eso creo que la autenticidad siempre debe primar sobre la obsesión de hacerlo técnicamente perfecto. Y si sabemos hacerlo de 10, es posible que debamos desaprender un poco para sacar nuestro propio 8'5 con algo que nos ha hecho disfrutar mucho más que el proceso que nos habría llevado al 10. Ojo, esto no significa que no hayas dado lo mejor de ti, sino todo lo contrario.

Aparte de esto, yo os recomiendo que tengáis siempre un contenedor para tirar a las personas envidiosas y que se comparan con vosotros. La envidia es un grave problema por no ser lícito expresarla y que hace que haya que buscar excusas estúpidas para que el envidioso se vea en justificación de agredir a la persona objeto de tan horrible sentimiento.

Ahora... ¿bienes con «v»? Uff… se me sigue haciendo muy duro, ¡jajaja!

No te conviertas en escritor pulga

¿Qué es un escritor pulga? A eso llegaremos enseguida. Pero antes he de decir que este post que os escribo únicamente pretende trasladar las ideas de este artículo, «Cómo dejar de ser una pulga en tu carrera musical», al ámbito de la escritura y la literatura.

Volvemos a la pregunta. ¿Qué es un escritor pulga? Un aspirante a escritor que se ha dejado amaestrar.

Para esto, se recurre al ejemplo de las pulgas encerradas en un tarro de cristal. Saltan sin parar durante tres días, intentando salir, pero, si al tercer día les retiran la tapa, ya no saltan para salir, siguen manteniendo la altura justa para no salir del tarro, porque han aprendido que no podían saltar más alto. Es más, las pequeñas pulguitas que tengan imitarán el comportamiento de sus progenitoras y no subirán nunca más arriba.

Pero no podían saltar más alto en ese momento. Es más, al principio sí saltaban más alto. Sólo han olvidado lo que pueden hacer.

Aquí el vídeo de PS2 que lo representa de manera magistral.

 

Supongo que ya habéis captado el mensaje. ¿Os han dicho que no se puede publicar? ¿Qué sois mediocres o que vuestro relato es una mierda? Pensemos que pueda ser cierto, pero únicamente para ese momento: hoy no vas a publicar, hoy no has hecho tu mejor trabajo, ese relato no ha salido bien. Pero ni tú eres incapaz, ni eres mediocre ni tampoco, por supuesto, eres una mierda. Lo que pasa es que alguien te ha dicho que lo eres y tú solito has decidido coger la tapa del tarro y ponerla para creer que sólo puedes llegar hasta ahí.

Personalmente, creo que el problema es que nos creemos que tenemos que ser unos seres de talento salvaje y que con nuestros primeros intentos ya se tiene que ver de lejos que «prometemos». He recibido muchos mensajes de los seguidores de mi canal de Talleres Literarios Online con una idea que ellos consideraban maravillosa y cuya única pregunta era: ¿Puede triunfar? ¿Eso es lo que quieres? ¿Escribir un superventas y hacerte rico? ¿O lo que quieres es ser escritor? Y tus primeros trabajos —y no sólo los primeros— recibirán críticas. No te has convertido en una joven promesa, que era lo que querías saber, ¿no? Si eras especial. Resulta que te has dado cuenta de que eres uno más, no un pequeño prodigo como tú querías.  Y si no es así, dedícate a otra cosa. NO PUEDES.

 

Venga ya.

La literatura, como todo lo que vale la pena en la vida, es una carrera de fondo. No llegas y besas el santo. Eso te puede pasar una vez, pero estamos hablando de una actitud, de una forma de vivir. Si ante una mala crítica nos ponemos la tapa en nuestro propio tarro, nos decimos que no podemos, apaga y vámonos. La semana que viene lo intentaremos como estrellas de rock y la siguiente como actores de cine. Y veremos que no podemos. Tiraremos la toalla y nos desanimaremos, y así, no lucharemos por ser nada. Eso sí, seremos pulgas: escritores pulga, estrellas de rock pulga y actores pulga.

¿Cuál es el secreto entonces para que esto no nos suceda?

1. No te rindas. Si algo te gusta tanto, vale la pena seguir intentándolo.

2. Busca otras vías. «Si no quieres obtener siempre los mismos resultados, no hagas siempre lo mismo».

3. Diferénciate. ¿Qué puedes aportar que sea novedoso? Puede ser una nueva historia o una nueva forma de ver la misma historia, puede ser tu disparate personal, lo que sea. Busca algo que, al menos, para ti, sea distinto.

4. No pierdas la autenticidad. Es un tópico decir que siempre vale más la mejor versión de uno mismo que una copia barata de otro. Pues eso, pon «lo tuyo» en todo lo que hagas.

5. Construye con las críticas. Pule tu estilo, coge lo que te sirva. Sé humilde, pero conserva la seguridad en tu esfuerzo.

6. No esperes las oportunidades. Búscalas. Participa en iniciativas, haz contactos, conoce editores, aprende sobre tu entorno y cómo funciona el pequeño mundillo en el que estás.

7. Echa el freno. En la vida, todo va más despacio de lo que deseamos. Es cuestión de seguir moviéndose en el tarro y estar atentos al momento —los diversos momentos, más bien— en que se retira la tapa. Entonces, salta con todas tus fuerzas.


Siete lugares donde escribir e inspirarse en Madrid (I)

Yo digo NO al clásico escritor que prepara su novela en un café. Tranquilito y con poco ruido, tal vez, pero sin ninguna opción a evadirse o buscar inspiración más allá del fondo de la taza que ya lleva vacía demasiado rato y empieza a hacer que sienta apremio por pedir algo más en la barra.

Con este post lo que busco son lugares que nos llenen de ideas y del impulso de escribir. Algunos son calmados, otros, todo lo contrario, pero nos permiten transportarnos a otro lugar o bien quedarnos mirando y convertir cualquier detalle o a cualquier persona en un elemento de nuestra obra.

Estos son mis siete lugares recomendados —de una lista que se irá ampliando— para encontrar inspiración sin tener que salir de la capi.

1. Las ruinas de la ermita de Pelayo

Por mucho que mires y vuelvas a mirar no ves la ciudad. Pero está al lado. Estás rodeado de edificios. No tienes más que cruzar la Puerta de O’Donnell de El parque de El Retiro y avanzar hacia Menorca. Enseguida verás esta maravilla a la derecha. Y te olvidarás de que estás en Madrid. Siéntate y saca tu libreta, tu portátil… cierra los ojos, escucha, respira, vuelve a mirar. Elige tú el lugar en el que te encuentras.

2. Los Jardines de Cecilio Rodríguez

Si lo tuyo es la armonía, la belleza, un toquecito de decadencia y los lugares muy cuidados, aquí tienes el mejor paseo. Si te gusta el modernismo, estás de enhorabuena, pues al puntito exótico de este lugar se le suman los pavos reales que pasearán a tu lado desplegando orgullosos sus plumas. Elige uno de los bancos de piedra o siéntate en el escalón que mejores y más evocadoras vistas te ofrezca. Las palabras saldrán solas.

Y ni siquiera has tenido que salir de El Retiro para llegar hasta aquí.

Imagen:Flickr.com

3. Invernadero de Atocha

Seguro que algún majo piensa que en Madrid llueve poco. Pero llueve. Y hace bastante fresquito en invierno  (y cada cuatro años o así cae una birria de nevada), así que también hay que pensar en lo inspiradora que es esta estación del año y en poder inspirarnos estando a cubierto. El invernadero de Atocha es ideal para esto y más cuando nos hará tener una sensación de lo más tropical como una mezcla más que curiosa: imaginarnos la selva como un lugar bullicioso, no por los monitos que saltan de un árbol a otro, sino por la animada vida de los viajeros que van y vienen por la estación. Toma asiento en los márgenes, mira las tortugas que están tan calentitas como tú y comienza a imaginar. Seguro que te sale algo cuando menos un tanto alternativo.

Imagen: renfe.com

4. El Rastro

Algunos sabréis y otros no que el nombre de este popular mercado de los domingos por la mañana se debe a que poco más arriba había un matadero y que por el camino que ahora trazan las tiendas corría normalmente un reguero, un rastro, de sangre. Ya tenéis el primer detalle inspirador. Añadamos a eso todo lo que se puede encontrar en los curiosos puestos de este mítico lugar.

Pero hemos venido a escribir. Dicen que la calidad de un lugar se puede medir por el tiempo que puede estar una persona sentada mirando pasar a la gente sin aburrirse. Mi reto: encuentra un lugar donde sentarte, una terracita si tienes muchísima suerte y, si no, cualquier escalón de los mil monumentos que se pueden ver en La Latina. Saca esa libreta, esa tablet, ese ordenador. Empieza a mirar a la gente, piensa personajes. Cronometra, a ver cuánto tiempo puedes estar así. Se te hará corto, pero seguramente te sorprendas cuando mires el reloj y te des cuenta de que llegas tarde a algún lado.

Imagen: adamjasonmoore.com

5. La mazmorra

Tendría poco sentido buscar la inspiración en Madrid sin recordar uno de los detalles que hace tan especial el centro de esta ciudad: todos los locales tienen su cueva. Muchos de ellos están tapados y los dueños de los restaurantes los rehabilitan como un nuevo espacio. Cuando bajas, puedes sentir la humedad de la excavación natural y también pensar en las primeras veces que se utilizaron como bodegas o crear tu propia historia con aires aventureros y románticos. Hay muchas en el centro de Madrid, pero para el objetivo que nos ocupa yo os recomiendo La Mazmorra, en la Cava de San Miguel, por su decoración, por las jarras de barro y porque ya que os vais a sentar un rato largo, podéis aprovechar para comer la tortilla que hace Marina. El precio, además, es bastante asequible. Eso sí, mejor entre semana. El finde encontraréis bastante cola.

Imagen: tripadvisor.es

6. El Templo de Debod

Cuando se construyó la Presa de Asuán este magnífico templo fue salvado de las aguas como un regalo del gobierno de Egipto a la ciudad de Madrid. Una vez más, una manera de transportarnos a otro sitio.

Mi recomendación personal es que vayáis al atardecer. Además, a la belleza del templo le sumamos el ambiente del parque donde podremos encontrar desde parejitas hasta animados grupos de amigos con sus cervezas y sus historias para que tú las crees. Siempre que no venga algún mandado a recaudar dinero por la gracia de la ley antibotellón. Pero ahí tienes otra historia, menos romántica, que narrar.

Imagen: quehagoyoenmadrid.com

7. El Espejo

Lo vemos cuando paseamos por  Recoletos y nos quedamos mirando sus cristaleras. ¿Qué tal hacerlo al revés y mirar desde dentro, a través de todo ese art-nouveau y pensar en nuestra historia? Sí, sé lo que pensáis: me va a costar un ojo de la cara. Pues yo recuerdo haber tomado allí algún café sin que me pidiesen un riñón a cambio. Y los menús, según dónde se coloque uno y el día y momento del mismo en que vaya, se mueven entre los diez y los veinte euros. Podría sonar caro, pero mucha gente se gasta más los sábados en un par de vasos llenos de agua del cubo de la fregona en algo que los bares poco leales llaman cubata.

Imagen: caminandopormadrid.blogspot.com

Hasta aquí la primera entrega de este recopilatorio que recorrerá Madrid, España y Europa para ayudaros a encontrar a la musa y utilizarla como excusa para recorrer vuestra ciudad o para salir de ella.

¿Y a vosotros, qué lugares os inspiran?

Taller de escritura: escribe y publica tu novela, en la Universidad San Pablo CEU

Ya de vuelta y comenzando el nuevo año académico, estoy muy contenta de anunciaros que dentro de muy poco comenzaré a impartir clases dentro del marco del programa de actividades culturales de la Universidad San Pablo CEU.

El curso "Taller de escritura: escribe y publica tu novela" está pensado tanto para alumnos de la universidad como para cualquier persona ajena a la misma que desee aprender técnicas de escritura y comenzar a escribir su propia novela.

El curso constará de clases semanales de una hora, los miércoles de 17 a 18h. Comenzará el 1 de octubre y concluirá el 17 de diciembre.

Es uan suerte que, además, gracias a la universidad, el curso vaya a resultar tan asequible para cualquier persona que desee realizarlo, pues no tiene coste alguno para los alumnos, los antiguos alumnos podrán realizarlo por 30 euros en total y el resto de personas interesadas por 40 euros. Para un curso trimestral, creo que no está nada mal.

Podéis obtener más información en este enlace, donde además tenéis una pestaña para poder inscribiros directamente online:

 http://www.uspceu.com/es/vida-campus/actividades-culturales/cultura-y-sociedad/taller-escritura.php

También me gustaría pediros que me ayudéis a difundir el curso, pues es necesario alcanzar un mínimo de alumnos para que el curso salga adelante, por lo que he creado un evento en Facebook y os pido que lo compartáis y que invitéis a las personas que pudieran estar interesadas.
https://www.facebook.com/events/1462560534011519/

Muchas grcias. Espero veros a muchos de vosotros por allí.

Expolio de recuerdos y vidas o el cierre de El Paular

Todos tenemos algunas ubicaciones en nuestra memoria que podríamos etiquetar como "lugares felices". Normalmente, son sitios relacionados con nuestra infancia y muchas veces con nuestras vacaciones: aquella plaza por la que paseábamos cuando éramos pequeños en busca de figuritas para completar nuestro belén o una esquinita entre las rocas de la playa donde buscábamos cangrejos y construíamos castillos.

Tener la suerte de regresar a esos lugares cuando uno ya es "mayor" —o más bien debería serlo— es toda una bendición. Se juntan recuerdos felices con buenos momentos presentes y además con esa sensación de lo afortunados que somos y lo afortunados que hemos sido. Por eso, cuando uno de esos lugares deja de existir lo que desaparece es algo más que una ubicación; es más parecido a matar recuerdos, ilusiones e incluso sueños. Una parte de nosotros mismos. Y ver sus últimas horas se parece a asistir a un funeral en el que no sabes a quién darle el pésame y en el que además desearías que las condolencias te las dieran a ti. Posiblemente porque es en ese momento cuando recibes un fuerte golpe de realidad y eres consciente de todo el tiempo que ha pasado, de que ya no eres un niño y, sobre todo, de que a veces los sueños no se cumplen y los cuentos que imaginabas en realidad no han tenido un final feliz.

 

Éste fue el jarro de agua fría que recibí hace unos pocos días cuando visité por última vez el hotel de El Paular, en la sierra de Madrid, concretamente en Rascafría. Subastaban los pocos muebles y cuadros que quedaban en su interior como si de un despiece de matadero se tratase.

Ha sido una temporada muy dura para la gente del pueblo y lo es más al saber que su lucha no ha terminado de manera victoriosa. Una derrota que se lleva a la calle a 46 familias, difícilmente recolocables en un lugar tan pequeño y contando la avanzada edad de algunos de ellos. Y a la desesperación se une la impotencia de no poder luchar contra el grande. ¿Cuál es la realidad que se esconde tras el cierre de un hotel ubicado en un edificio que es patrimonio edl estado? La desidia y el egoísmo de siempre. Cada cierto tiempo, la gestión de El Paular como destino hotelero se saca a concurso. Pero esta vez nadie ha querido tomar las riendas de la explotación de este negocio. Tras esta decisión se esconde Patrimonio del Estado, que lleva años sin restaurar ni acondicionar correctamente el edificio. Es por esto que ninguna cadena hotelera se atreve a jugársela de nuevo: en plena crisis, afrontar una restauración de dos millones de euros parece prácticamente imposible, y más teniendo en cuenta que estas labores no son competencia de ninguna empresa, sino de nuestros presupuestos estatales, que deberían preocuparse un poco más de lo que es de todos y no de mantener el quinto sueldo vitalicio del político de turno, que nunca tiene suficiente. Triste es, además, que ésta no sea una situación aislada, pues parece que el hotel Reconquista, en Oviedo, podría encontrarse en una situación similar. ¿Iremos asistiendo al deterioro cada vez más visible de cualquier monumento que nuestras administraciones quieran olvidar, mientras se atienden necesidades mucho más egoístas y que parece que nunca pueden tocarse, como rescatar cajas de ahorros o mantener el tren de vida de un reducido grupo?


«Esto es un expolio. Los muebles no valen gran cosa, pero estas pinturas, sí», nos comenta uno de los encargados de la subasta que se celebró el domingo en el propio hotel, en la que la cadena hotelera pretendía recuperar algo de lo invertido en aquel negocio. «La mayoría vienen de FeriArte y se están vendiendo por menos de diez veces su valor».

Nos comenta también que apenas recuperará algo de lo invertido. Vista la situación, es comprensible llevar a cabo este tipo de acciones y también que los coleccionistas se acerquen y, por qué no, logren rescatar alguna pieza que valga la pena o simplemente den con un mueble que sobreviva en su salón. Sin embargo, me pregunto si soy la única que ve mucho más valor en todo esto que el meramente económico. Recuerdo el último desayuno que tomé en aquel patio hace cosa de un mes. Lo veo ahora con todos esos muebles apilados y etiquetados y se me encoge el corazón. Después, entro en los salones y me viene un recuerdo especial de una cerveza sentada en unos sillones con unos buenos amigos, hace poco menos de un año. Habíamos entrado a refugiarnos del calor del verano y lo logramos en aquella sala, con ayuda del "fresquito" y de una cerveza bien fría. Ahora en dicha habitación se preparan para una mudanza. Y dentro de nada estará vacío.


Puede que lo más duro de todo esto sea que los recuerdos sólo queden en la memoria. Es bonito tener un lugar al que ir y rememorar esos momentos felices. La vista de las grandes salas, el sonido del agua en la fuente, el tacto de esa frescura en el ambiente y, sobre todo, el olor característico de un sitio, son lo que nos ayuda a recordar. Podemos volver al lugar donde fuimos felices y respirar de nuevo esos momentos. Pero cuando desaparecen, ya no podemos hacerlo. Sólo nos queda nuestra imperfecta memoria y cuatro escombros ante los que suspirar.

No me quise quedar a la subasta. Creo que no lloré sólo porque me daba vergüenza.

 

"Y ese fue el final de Fantasía. Sólo unos pocos fragsmentos de aquel mundo, antes fértil y hermoso, quedaron tras la Nada."

Los bosques tienen sus propias puertas. Carlos Yushimito las abre y las cierra para nosotros

Cuando me detuve en la caseta de Demipage durante la Feria del Libro de Madrid, una de las principales características que captó mi atención fue la sencillez y limpieza del trabajo que presentaban. Después de recorrer cientos de puestos llenos de portadas que competían por ser las más vistosas, nada como una encuadernación simple, directa y con ese estilo afrancesado que transmite una promesa de armonía en la lectura. Y así fue como mis ojos se posaron en un título que me resultó de lo más atrayente: Los bosques tienen sus propias puertas. Era uno de los lanzamientos estrella de la editorial para este año y, además, gracias a Paula Roses, que me habló del autor y del estilo, no tardé mucho en devorar las más de 250 páginas de relatos que me ofrecía.

Los bosques tienen sus propias puertas es no sólo el título de este libro, sino el del último de sus relatos. Seis en total, que comienzan con historias sencillas, podríamos decir que relatándonos con belleza vivencias del día a día... o, al menos, eso es lo que nos parece al principio. La lectura, ágil y relajante, nos esconde algunas sorpresas que harán que no olvidemos estas obras. Porque, tal y como reza en el resumen que nos invita a leer esta obra,  "lo excepcional se muestra tras la máscara de lo cotidiano. Ternura y crueldad conviven armoniosamente." Belleza y espanto, dolor y dicha. Parece difícil hacerlos convivir y contrastarlos sin que esto resulte en una desorientación del lector, pero Carlos Yushimito se gana a pulso su fama de joven promesa al conseguir unirlos con gran esfuerzo, como un encaje de bolillos donde cada detalle está en su lugar y el resultado es increíblemente proporcionado y atractivo. Y no es fácil lograr aunar un apocalipsis con la cocina de vanguardia ni tampoco conseguir hacernos ver que la vida puede ser más impactante que el más enrevesado culebrón sin que dejemos de sentir que nos están recitando un canto dulce y melódico. Es, cuando menos, para quitarse el sombrero.

De esta obra me ha gustado especialmente el tercer relato: "75, Calle Prince Edward". Puede que por esa sensación de saber lo que sucede a la vez que nos faltan detalles importantes y la forma en la que se desvelan. Y porque me fascinan los autores que son capaces de mantenerte hipnotizado e ir desvelando sólo lo estrictamente necesario para que sigas conectado a la obra y dejarte totalmente del revés en la última página. La historia de un hombre que conduce durante horas para cumplir un encargo. Parece sencillo. En realidad, lo es. Aunque a nosotros no nos lo parecerá tanto.

Creo que el gran acierto en el estilo de este autor es que logra unir sus dos realidades: su nacionalidad peruana, que le confiere esa dulzura y melodía en su estilo, con su ascendencia japonesa, de la que obtiene el orden y también esa fuerte capacidad de contraste e impacto. Yushimito está empezando a darse a conocer en España, pero ya se está convirtiendo en un autor de culto en Lationamérica y también se abre camino en Estados Unidos, donde reside y realiza su doctorado actualmente.

Ahora que se acercan las vacaciones y que tendremos un poco de tiempo para relajarnos, pero sin dejar de pensar, creo que ésta es una obra muy recomendable por aunar profundidad y ligereza. El tipo de escritura que te hipnotiza como si estuvieras presenciando un truco de magia.

Espero que os animéis a leer esta obra. No puedo terminar esta reseña sin agradecer a Demipage este magnífico descubrimiento al que me han permitido acceder ni tampoco sin dejar de elogiar el impecable trabajo que realizan para darnos acceso a obras de altísima calidad y permitirnos alejarnos del consumismo de la literatura de moda para adentrarnos en contenidos especiales y que nos proporcionen vivencias especiales y diferentes a lo que estamos acostumbrados.


Baúl de serpientes. Cuando la ansiada libertad se convierte en la soledad más temida

El escritor está hecho de otra pasta. Su profunda reflexión y una rica vida interior es posiblemente lo que lo convierte en un ser especial, capaz de imaginar, plasmar y transmitir como nadie. Sin embargo, esta faceta también lo aísla del mundo: da una vuelta más a todo, a la trascendencia o a su posible significado, a cómo manipular las palabras hasta el punto de manipularse a sí mismo. Su propio don puede dejarlo sumido en la incomprensión, en la más dura autocrítica y, como más grave consecuencia, en la más profunda soledad.

Todos creemos que seremos felices si logramos nuestro sueño. ¿Pero qué sucede cuando logramos el qué sin pasar por el cómo que habíamos imaginado? Éste es el hecho que marca la vida del protagonista de Baúl de Serpientes: un escritor de éxito que consigue la libertad e independencia económica que todos —artistas o no— deseamos, pero sin hacerlo por el camino que él habría deseado para su autorrealización. Al verse en esta situación, se ve inmerso en un profundo desengaño. Por una parte, por saber que lo mejor no es siempre lo más aclamado, y por saberse convertido en un escritor marcado por una obra mediocre. Por otra, por el desengaño de saber que al haber obtenido su libertad no ha comprado sino soledad. Que la falta de ataduras que le da esta independencia lo convierte en una persona desarraigada, que puede ir adonde quiera, pero que no sabe adónde ir. 

De la mano de los pensamientos del protagonista y la búsqueda de su lugar en el mundo, Fernando Podadera nos lleva por los diferentes ámbitos de la vida literaria: profesionales, familiares, sociales, románticos, dramáticos. Asimismo, nos pone en contacto con las reflexiones del protagonista y nos ayuda a comprender desde un ángulo más cercano cuál es la visión —para algunos, extraña— que un escritor tiene de la vida. De la trascendencia de la misma, del valor que otorga a su trabajo y a lo que deseó plasmar en él, de su ego y su capacidad, tanto de creación como de destrucción, incluso de sí mismo. De la resignación del que se ha dado cuenta demasiado tarde de que lo más importante no es la consecución del objetivo, sino el camino que recorrió para lograrlo. Del que siente incomprensión, tal vez como todo ser humano pero que, además, es capaz de plasmarlo de una forma que cala demasiado en nuestro interior.

Después de todo, este libro trata de la vida. Y Fernando Podadera, como buen docente, no se dedica simplemente a enunciarnos las lecciones que desea transmitirnos sobre la misma, sino que nos introduce en un contexto creado especialmente para la ocasión, para que, una vez inmersos en él, reflexionemos. Y así, además de aprender, saquemos nuestras propias conclusiones acerca de la experiencia. Porque sabe que así es como algo nunca se olvida. Porque así se ha asegurado de que, una vez terminemos de leer, no olvidemos toda la carga emocional que se desprende de esta obra.

BauldeSerpientes

Fernando Podadera Cobos es Licenciado en Filología Hispánica por la Universidad Complutense, además de contar con el Diploma de Estudios Avanzados en la especialidad de Literatura Hispanoamericana y el Certificado de Aptitud Pedagógica. Lleva nueve años ejerciendo la docencia, su gran vocación, impartiendo clases de Lengua Castellana y Literatura a adultos, adolescentes y menores en riesgo de exclusión.