Covadonga González-Pola

Escritora y asesora de autores y editoriales. Formadora en escritura

Escritora, creadora de contenidos, experta en servicios editoriales, formadora en talleres de escritura y unas cuantas cosas más.

Los bosques tienen sus propias puertas. Carlos Yushimito las abre y las cierra para nosotros

Cuando me detuve en la caseta de Demipage durante la Feria del Libro de Madrid, una de las principales características que captó mi atención fue la sencillez y limpieza del trabajo que presentaban. Después de recorrer cientos de puestos llenos de portadas que competían por ser las más vistosas, nada como una encuadernación simple, directa y con ese estilo afrancesado que transmite una promesa de armonía en la lectura. Y así fue como mis ojos se posaron en un título que me resultó de lo más atrayente: Los bosques tienen sus propias puertas. Era uno de los lanzamientos estrella de la editorial para este año y, además, gracias a Paula Roses, que me habló del autor y del estilo, no tardé mucho en devorar las más de 250 páginas de relatos que me ofrecía.

Los bosques tienen sus propias puertas es no sólo el título de este libro, sino el del último de sus relatos. Seis en total, que comienzan con historias sencillas, podríamos decir que relatándonos con belleza vivencias del día a día... o, al menos, eso es lo que nos parece al principio. La lectura, ágil y relajante, nos esconde algunas sorpresas que harán que no olvidemos estas obras. Porque, tal y como reza en el resumen que nos invita a leer esta obra,  "lo excepcional se muestra tras la máscara de lo cotidiano. Ternura y crueldad conviven armoniosamente." Belleza y espanto, dolor y dicha. Parece difícil hacerlos convivir y contrastarlos sin que esto resulte en una desorientación del lector, pero Carlos Yushimito se gana a pulso su fama de joven promesa al conseguir unirlos con gran esfuerzo, como un encaje de bolillos donde cada detalle está en su lugar y el resultado es increíblemente proporcionado y atractivo. Y no es fácil lograr aunar un apocalipsis con la cocina de vanguardia ni tampoco conseguir hacernos ver que la vida puede ser más impactante que el más enrevesado culebrón sin que dejemos de sentir que nos están recitando un canto dulce y melódico. Es, cuando menos, para quitarse el sombrero.

De esta obra me ha gustado especialmente el tercer relato: "75, Calle Prince Edward". Puede que por esa sensación de saber lo que sucede a la vez que nos faltan detalles importantes y la forma en la que se desvelan. Y porque me fascinan los autores que son capaces de mantenerte hipnotizado e ir desvelando sólo lo estrictamente necesario para que sigas conectado a la obra y dejarte totalmente del revés en la última página. La historia de un hombre que conduce durante horas para cumplir un encargo. Parece sencillo. En realidad, lo es. Aunque a nosotros no nos lo parecerá tanto.

Creo que el gran acierto en el estilo de este autor es que logra unir sus dos realidades: su nacionalidad peruana, que le confiere esa dulzura y melodía en su estilo, con su ascendencia japonesa, de la que obtiene el orden y también esa fuerte capacidad de contraste e impacto. Yushimito está empezando a darse a conocer en España, pero ya se está convirtiendo en un autor de culto en Lationamérica y también se abre camino en Estados Unidos, donde reside y realiza su doctorado actualmente.

Ahora que se acercan las vacaciones y que tendremos un poco de tiempo para relajarnos, pero sin dejar de pensar, creo que ésta es una obra muy recomendable por aunar profundidad y ligereza. El tipo de escritura que te hipnotiza como si estuvieras presenciando un truco de magia.

Espero que os animéis a leer esta obra. No puedo terminar esta reseña sin agradecer a Demipage este magnífico descubrimiento al que me han permitido acceder ni tampoco sin dejar de elogiar el impecable trabajo que realizan para darnos acceso a obras de altísima calidad y permitirnos alejarnos del consumismo de la literatura de moda para adentrarnos en contenidos especiales y que nos proporcionen vivencias especiales y diferentes a lo que estamos acostumbrados.